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Pedro Luis

Soy Pedro Luis Sánchez Gil y actualmente dirijo el Servicio Común de los Juzgados de Alicante (registro y reparto de asuntos y actos de comunicación y ejecución en la calle). Soy licenciado en Derecho y Letrado de la Administración de Justicia. Escribo artículos de opinión fundamentalmente en el dia...

Sobre este blog de Sociedad

Análisis político y de actualida social.


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  • 10
    Febrero
    2018

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    SOCIEDAD Alicante

    MODOS DE IR POR LA VIDA

    Hay quien  tiene un modo de ser rematadamente tonto o un modo de ser desquiciado. Y entonces piensas que da lo mismo lo que esa persona diga. Está en lo uno como podría estar en lo otro.

    Digamos que para ser, sustanciamente, de una u otra  manera, hay que conocerse. 

    Hay  que intentar conocerse a si mismo.Y a lo largo de la vida lo normal es que algo nos vamos conociendo. Pero en similar medida que nos conocemos solemos engañarnos. Lo que no nos gusta ver lo apartamos a un lado como si no existiera.

    Hay quien ni tiene un modo de ser rematadamente tonto ni un modo de ser desquiciado y sin embargo son tan poco de fiar como los mencionados. Los hay mas listos y mas tontos, aunque dicha diferencia no es garantía de nada. Lo de listo y tonto  no es determinante para lo que nos trae a cuenta. Ya decía Ramón y Cajal , medio en broma medio en serio, que la diferencia entre los tontos y los listos es que los primeros dicen tonterías y los segundos las hacen.

    Hay modos de ser diferentes incluso entre quienes han recibido una educación muy similar. Por ello su comportamiento, ante las mismas situaciones, no será exactamente el mismo, incluso podría ser muy distinto.

    Cuanto mejor se conoce uno más difícil es, aunque no imposible, que la pelota se vaya hacia un lado u otro del tejado por un  ligero soplo de viento. Hay pocas pelotas en el tejado de la incertidumbre.

    Se dice de determinadas personas que saben lo que quieren y sin salirse un ápice del guión se lanzan a conseguir sus objetivos. La ambición es legítima. Respeta la ley y la sociedad te dará su visto bueno. Respeta tu conciencia y no tendrás remordimientos. Pero bien sabemos que no siempre es así. A veces no se respeta la ley, a veces no se respeta la conciencia y a veces ni la una ni la otra.

    Hay algo que me parece fundamental. Me refiero a la conciencia del bien y a la conciencia del mal. No a la creencia en un elenco determinado de acciones que están bien o que están mal. Lo realmente importante es saber que hay cosas que están bien y otras que no, cosas que podemos hacer y cosas que no podemos hacer. Porque esto es lo que nos da pie a reflexionar, a pensar, a interiorizar en nosotros mismos. Y en dicho menester no  partimos de cero, hay un recorrido histórico cultural que nos marca el camino.

    Es la gran suerte de vivir en una sociedad como la nuestra, una sociedad que conoce su pasado, un pasado que la enriquece y la pone en guardia de los peligros que la acechan. Una sociedad que  nos brinda la posibilidad de poder escoger, nos brinda la posibilidad - no sin dificultades- de poder hacer uso pleno de nuestra libertad.

    Estar en lo uno no es lo mismo que estar en lo otro.

    Hay quienes van dando tumbos por la vida. Y esos vaivenes afectan, sobre todo, a las personas han de relacionarse con los mismos. Entre los que funcionan así, dando tumbos, están los botarates, los malelucos y los abejorros. Estos últimos son los peores, contaminan el aire que respiran.

    Los botarates son aquellos a quienes se lo bufa todo. Eso es lo que suelen decir ellos mismos sin ser del todo cierto. Pero al final, la mucha práctica se impone y de hacerse el gilipollas se pasa a serlo.

    Los mamelucos es que no dan más de sí. Pertenecen a la categoría que podríamos llamar de agilipollados.

    Botarates, mamelucos y abejorros, vayan o no dando tumbos, cuanto más lejos mejor, pues nada bueno aportarán a tu vida.

    Están también aquellos que según en qué circunstancias se comportan de una u otra manera. Cuando uno lo sufre en sus propias carnes le conviene no olvidarlo. Saber discernir entre una sonrisa hipócrita y circunstancial y un sincero aprecio le evitará a uno llevarse a engaño.

    Hace muchos años un paisano de cuyo afecto no dudaba a pesar del poco trato habido, me dijo : Pedro, no me gustan los que unas veces me vienen de una forma y otra de otra. Es lo que expresábamos en el párrafo anterior. Un ejemplo muy corriente: hoy te saludo como si fuéramos mas amigos que gorrinos y mañana  apenas si te conozco. Y no digamos si el saludo se produce con alguna copa encima, lo que necesites......

    Ja,ja,ja, lo que necesites, si se da la ocasión bien librado sadrás si no te dan una patada en el culo. ¡ Y qué sensación de gilipollas, de haber hecho el gilipollas, se te puede quedar!

    Hay personas con quien intentas sintonizar, una ,dos, tres ,cuatro veces.... y no lo consigues. No lo intentes más, no eres santo de su devoción. Si quieres interrogarte por cual pueda ser la razón, hazlo. Y si todo se debe a un pequeño equívoco, enhorabuena, te ha tocado la lotería, a disfrutar.

    Cuando sucede lo que acabamos de expresar, hay una sensación que nos viene de forma espontánea. Y si tras meditarlo  nos parece  razonable que sea así, seguramente no nos eqivocamos. Conviene tenerlo presente por lo que dijimos antes de no llevarnos a engaño. Pero tampoco le demos muchas vueltas. Se sabe que es así, pues nada, hola y adiós si  se da el caso. O ni eso.

    Decíamos antes de la importancia de conocerse. Es bueno para uno mismo y es bueno para analizar los comportamientos ajenos. Cuando uno se interroga sinceramente sobre las motivaciones de sus actos, por qué hace esto y lo otro o qué haría si el crimen perfecto estuviera en su mano y nadie nunca se lo fuera a echar en cara, algo de lo que uno es se percibe con claridad. Siempre habrá  incógnitas sobre cómo uno actuaría ante situaciones límite o simplemente si sus circunstancias fueran distintas a las que son. Uno se dice en ocasiones, yo no sería capaz de esto o aquello, sucumbiría ante el miedo, ante el terror, ante la ambición puesta a mis pies. Pero a veces, para bien y para mal, hay sorpresas.

    Percibimos algo de lo que somos. Pero ¿ cómo nos perciben los demás? Saber esto  puede hacerle a uno dudar de su sinceridad o de cuales son realmente las razones de sus actos. Y es también bueno saberlo porque la imagen que se exterioriza de como uno es  puede no corresponder a como realmente se es. ¿ Cómo es posible que me vean como un estirado, como un prepotente, como un soberbio? Si realmente no eres así ¿ acáso no ha de merecer la pena un pequeño ajuste en las formas?

    Conocernos a nosotros mismos es conocer nuestros defectos. Y cuando la famosa frase de que nadie es perfecto traspasa la barrera de la retórica, antes de juzgar a los demás la duda se cobra el lugar que le corresponde y  se coge de la mano de la tolerancia.

    ¿ Cuantas veces en un momento de cabreo decimos cosas que no sentimos, que no se corresponden con lo que somos? ¿ Y por qué hemos de quedar ante nosotros mismos y ante los demás como no somos?

    No, los entuertos hay que deshacerlos cuanto antes. Si recapitulamos sobre las veces que en nuestra vida hemos tenido un comportamiento incompatible con nuestro modo de ser, recordaremos el alivio que hemos sentido cuando hemos tenido la oportunidad de rectificar y, si se da el caso, pedir perdón.

     

     

     

     

     

     

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